Entradas

Medias tintas

Y de pronto el león ya no acechaba a la gacela. Sus ojos cambiaron de dirección, viéndome fijamente, con esa voracidad que caracteriza a un animal salvaje el cual encontró una comida mas apetitosa y con mayor posibilidad de éxito. Yo era la presa fácil. Por instinto puro mi corazón se aceleró y mis piernas se llenaron de energía. Tenía dos opciones, luchar o correr. Y mi cuerpo ya había decidido correr. Con un movimiento abrupto giré mi cabeza y comencé a correr, el miedo fluyendo por mis venas cual sangre hirviendo. Me encontraba en medio del desierto, sin ninguna posibilidad de refugio ni alguien que pudiera auxiliarme. El mundo era mío y de mi depredador. Y yo tenía las de perder. En unos segundos escuché una respiración agitada inmediatamente detrás de mí. No quería voltear, no quería sentir nada. Sin embargo un ruido estruendoso y totalmente fuera de contexto envolvió la escena, un ruido metálico y rítmico. Mi cerebro volvió todo abruptamente blanco... Era la alarma de mi...

Sentido

Curioso como las cosas funcionan de una manera impredecible, y muchas veces lógicamente ilógicas para el que las vive. Me he pasado toda mi vida buscando un significado, una razón para seguir aquí viviendo. Y la vine a encontrar al borde de mi muerte, a punto de salir de esta obra.  No los agobiare con mis detalles, porque francamente no les interesan y no me apetece contarlos. Pero les diré una cosa que me ha costado trabajo entender durante los años de angustia, y es esto: quien más quiere vivir la vida es aquel que está a punto de perderla. ¿Y saben qué? Eso apesta. Apesta por qué hay gente simulando vivir, siguiendo cosas que no los hacen felices porque están ‘en busca de la felicidad’. Te estás gastando los mejores años de tu vida estudiando algo que no te gusta para complacer las expectativas que tienes(n) de ti. ¡Te estas acabando y ni siquiera has empezado!  No has empezado a sentir todo; la tristeza de perder a tu mascota, la felicidad de un niño con la llu...

Montaña Rusa

"Dicen que la vida suele ser como una montaña rusa (arriba y abajo), si estás abajo no queda mas que subir. si estás arriba mucho cuidado con la bajada." Son las últimas palabras que le escuché decir a mi abuela, la última vez que la vi. Por supuesto que no sabía que sería la última vez que la vería. Sino la hubiera llenado de besos y sofocado con abrazos. Me hubiera quedado con ella escuchando la misma historia que me había contado incontable número de veces. Pero no lo sabía. Curioso, ¿no lo creen? Muchas veces pensamos más en las personas que se nos fueron cuando ya no están, que cuando aún estaban aquí. Mi cabeza es muy impredecible, no puedo recordar lo que cené hace 3 días pero recuerdo vívidamente las palabras de mi abuela haciendo eco justo en este momento. ¿Por qué en este momento? se preguntarán. La respuesta es sencilla y compleja al mismo tiempo. Mi vida continúa, por lo tanto (y siguiendo la filosofía de mi abuela) estoy en una montaña rusa. Mi disyunti...

Blanco

Blanco En eso debió pensar Henry antes de morir en el accidente hace algunos años. Al menos eso creo que pensó, ya que es lo único que puedo pensar mientras me recuesto sobre la cama. La luz fluorescente encandila mis pupilas, cegándome momentáneamente. Blanco No puedo pensar en nada más. Mis brazos sienten el frío de la sala; mis pies cubiertos solamente por calcetines, mi cuerpo por una bata. Hay ataduras en mis tobillos, muñecas, frente y tórax, impidiendo que me mueva. Hay agujas insertadas en mis antebrazos. Una persona con cubrebocas revisa la conexión en una máquina. Blanco Hay una ventana en lo alto, cubierta por una cortina que se prepara para mostrarme al mundo. Como un artista cubre su obra antes de develarla a los ojos de conocedores. Siento algo en la boca del estómago que no había sentido hace mucho tiempo: miedo. Blanco En eso debieron pensar también cada una de mis muñecas, cuando drenaba la luz de sus ojos. Cuando veían su vida escurrirse bajo su cuer...

Éramos muy jóvenes

“¡¿Atascados?!” dijo ella en tono de burla desde la ventana. “Atascados no, atorados” contesté en forma monótona mientras revisaba el motor.  “No tienes ni la más remota idea de lo que estás viendo, ¿verdad?” me dijo. “No se requiere a un mecánico automotriz para descubrir que está averiado el motor” mentí. “Al menos un mecánico sabría qué hacer” murmuró en tono alto “bien me lo advirtió mi madre, ‘no te cases con él’ me dijo. Pero nunca fui buena para seguir instrucciones. Y menos de mis padres.” -pensó un momento- “Sabes, quizás y tenían razón acerca de nosotros. Éramos muy jóvenes” Desvié la mirada del motor hacia el cielo. Esta no era la primera vez que lo mencionaba. Gracias al capote no podía ver su cara ni ella la mía. Y eso lo agradecía. Mis ojos de tristeza no podían guardar la decepción hacia las palabras que mencionó. La desilusión que estas causaban cada vez que las pronunciaba oscurecían un poco más mi corazón. Sabía que no las decía para lastimarme...

Miradas

Sentada en ese banco, con su perfecta combinación de rojos en los labios, el vestido y sus tacones.  Vaya que es una mujer que sabe captar la atención de todo el lugar. Es más, le gusta hacerlo. No puedo despegar la mirada de su insoportable cabello perfectamente ondulado y brillante. Tan natural, tan practicado. No es un vestido revelador, pero a la vez te enseña lo que te estas perdiendo. Lo que hay debajo. Tan inalcanzable y resguardado. No quieres que te vea observándola pero es imposible quitarle la mirada. Grabando cada detalle en tu memoria para repasarlo después. Quizás escribir sobre ella. Uh-oh. Tu mirada se cruza con la de ella. Rápidamente debes ver hacia otro lado, fingir que no la apreciabas. Ahora mientras finges interés por el cuadro de la esquina sientes unos ojos observándote, analizándote, desnudándote. Una gota de sudor recorre tu frente y se aloja en tu ojo. Así pasan segundos, minutos. Sientes la necesidad de mirar a otro lado, pero no pu...

Ensordecedor silencio

Veo pasar aquellos jóvenes felices, gozando su vida. Disfrutando la salida con amigos, bebiendo sus bebidas azucaradas, lanzando miradas a las chicas de al lado. Recuerdo que yo era así hace algunos unos años. Sentir la vida por delante. Sin miedo. Sin responsabilidades. Sin tristeza. [Una suave brisa acaricia la cara del viejo, mientras su mente sigue perdida en recuerdos. Su mirada fija] ¿Qué tiene que pasar en nosotros para perder la alegría que caracteriza a los niños? ¿Qué tiene que pasar con nosotros para dejar de disfrutar la vida? ¿Hasta que punto es "normal" amargarnos con nuestras decisiones? ¿Cuándo es adecuado perder la empatía con las personas y volvernos egoístas? [Las preguntas parecían infinitas en su cabeza, una tras otras. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Él sabía que su final estaba cerca, que las tazas de café amargo estaban contadas] Debí haber leído cuanto libro pudiera. Debí haber tomado cuantas copas quisiera. Debí ...