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Mostrando entradas de marzo, 2018

Blanco

Blanco En eso debió pensar Henry antes de morir en el accidente hace algunos años. Al menos eso creo que pensó, ya que es lo único que puedo pensar mientras me recuesto sobre la cama. La luz fluorescente encandila mis pupilas, cegándome momentáneamente. Blanco No puedo pensar en nada más. Mis brazos sienten el frío de la sala; mis pies cubiertos solamente por calcetines, mi cuerpo por una bata. Hay ataduras en mis tobillos, muñecas, frente y tórax, impidiendo que me mueva. Hay agujas insertadas en mis antebrazos. Una persona con cubrebocas revisa la conexión en una máquina. Blanco Hay una ventana en lo alto, cubierta por una cortina que se prepara para mostrarme al mundo. Como un artista cubre su obra antes de develarla a los ojos de conocedores. Siento algo en la boca del estómago que no había sentido hace mucho tiempo: miedo. Blanco En eso debieron pensar también cada una de mis muñecas, cuando drenaba la luz de sus ojos. Cuando veían su vida escurrirse bajo su cuer...

Éramos muy jóvenes

“¡¿Atascados?!” dijo ella en tono de burla desde la ventana. “Atascados no, atorados” contesté en forma monótona mientras revisaba el motor.  “No tienes ni la más remota idea de lo que estás viendo, ¿verdad?” me dijo. “No se requiere a un mecánico automotriz para descubrir que está averiado el motor” mentí. “Al menos un mecánico sabría qué hacer” murmuró en tono alto “bien me lo advirtió mi madre, ‘no te cases con él’ me dijo. Pero nunca fui buena para seguir instrucciones. Y menos de mis padres.” -pensó un momento- “Sabes, quizás y tenían razón acerca de nosotros. Éramos muy jóvenes” Desvié la mirada del motor hacia el cielo. Esta no era la primera vez que lo mencionaba. Gracias al capote no podía ver su cara ni ella la mía. Y eso lo agradecía. Mis ojos de tristeza no podían guardar la decepción hacia las palabras que mencionó. La desilusión que estas causaban cada vez que las pronunciaba oscurecían un poco más mi corazón. Sabía que no las decía para lastimarme...