Miradas

Sentada en ese banco, con su perfecta combinación de rojos en los labios, el vestido y sus tacones. 

Vaya que es una mujer que sabe captar la atención de todo el lugar. Es más, le gusta hacerlo.

No puedo despegar la mirada de su insoportable cabello perfectamente ondulado y brillante. Tan natural, tan practicado.

No es un vestido revelador, pero a la vez te enseña lo que te estas perdiendo. Lo que hay debajo. Tan inalcanzable y resguardado.

No quieres que te vea observándola pero es imposible quitarle la mirada. Grabando cada detalle en tu memoria para repasarlo después. Quizás escribir sobre ella.

Uh-oh. Tu mirada se cruza con la de ella. Rápidamente debes ver hacia otro lado, fingir que no la apreciabas.

Ahora mientras finges interés por el cuadro de la esquina sientes unos ojos observándote, analizándote, desnudándote. Una gota de sudor recorre tu frente y se aloja en tu ojo.

Así pasan segundos, minutos. Sientes la necesidad de mirar a otro lado, pero no puedes. No quieres perder su atención. No quieres obligarla a mirar a otro lado.

Transcurren 5 minutos. 10. La posición que tienes es cansada y necesitas moverte. Reluctantemente lo haces. Miras a las botellas del bar, los cacahuates en la barra.

Pero notas aún los ojos taladrando en tu cráneo, buscando en tu interior. Luchando contra el instinto de voltear a verla, cierras los ojos.

Aún con los ojos cerrados sientes movimiento a tu lado. Alguien se sentó cerca de ti. Un aroma agradable a vainilla llena tus pulmones y despierta tus sentidos.

Finalmente abres los ojos y ella está ahí a tu lado. Observándote. Logras encontrar sus ojos y por un instante eterno sus miradas se unen. Para siempre.


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