Medias tintas

Y de pronto el león ya no acechaba a la gacela. Sus ojos cambiaron de dirección, viéndome fijamente, con esa voracidad que caracteriza a un animal salvaje el cual encontró una comida mas apetitosa y con mayor posibilidad de éxito. Yo era la presa fácil. Por instinto puro mi corazón se aceleró y mis piernas se llenaron de energía. Tenía dos opciones, luchar o correr. Y mi cuerpo ya había decidido correr. Con un movimiento abrupto giré mi cabeza y comencé a correr, el miedo fluyendo por mis venas cual sangre hirviendo. Me encontraba en medio del desierto, sin ninguna posibilidad de refugio ni alguien que pudiera auxiliarme. El mundo era mío y de mi depredador. Y yo tenía las de perder. En unos segundos escuché una respiración agitada inmediatamente detrás de mí. No quería voltear, no quería sentir nada. Sin embargo un ruido estruendoso y totalmente fuera de contexto envolvió la escena, un ruido metálico y rítmico. Mi cerebro volvió todo abruptamente blanco...

Era la alarma de mi celular. Mi mente tardó unos segundos en ajustar que no se encontraba en peligro inminente, sino en la cama con sudor desbordándose por mi frente y el corazón aún latiendo a un ritmo acelerado. Mis ojos ajustaron su visión y me senté en la orilla del colchón. No era la primera vez que un sueño así me hacía presa, y algo me decía que no sería la última tampoco. Se habían vuelto más presentes hace unas semanas, desde el incidente. El día uno de mi pesadilla en vida. El día que mi corazón se rompió en mil pedazos y aún no encuentro todas las piezas. (Una luz en mi cabeza se encendió, idea millonaria: un videojuego que se enfocara en conseguir todas las piezas de un corazón roto, y que al final cuando lograras completar tu corazón pudieras pelear contra el villano principal, tu ex.)

De cierto modo, y dándole toda la razón a quien haya dicho que los sueños son manifestaciones de nuestro subconsciente, fui cautivo del león hasta aquel día uno. Y fui devorado poco a poco, hasta el punto donde no quedó nada de mí. Ese día desgarrador dónde tuve la fortuna de despertar, abrir mis ojos y salir de esa jaula. Nunca había sido tan feliz y triste al mismo tiempo, porque cuando yo amo entrego mi corazón completamente. No lo considero un defecto, es mi virtud. Porque lo hago todo intensamente. Pero cuando me voy, me voy completamente sin dejar posibilidad a nada. Conmigo no hay medias tintas.


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