Sólo Dios sabe...

"Cual genio en tiempos del Oscurantismo, me siento fuera de tiempo. No me deprimo ni busco ser sarcástico. Simplemente pienso.

Pienso en la felicidad, aquella que se busca obtener mediante las mentiras y engaños. La felicidad que se busca en el placer de lo efímero, sin saber siquiera apreciar el poder de lo duradero. De las relaciones sin apego, los trabajos sin esfuerzo y la vida sin sentido. De aquellos que dicen ser felices sin siquiera haber leído un libro, haber sentido la pérdida de un ser querido o haber disfrutado el sazón de una comida hecha en casa.

Pienso en la música de hace años, la buena música que armonizaba con palabras y buscaba brotar sentimientos. La música que te hace pensar en algo más allá que en el ritmo. Los matices de sonidos que acompañan al cantante barítono, no las voces que repiten palabras sin sentido y versos sin pensar. Porque hacer música es crear una melodía tan difícil y artística que se ocupa demasiada inteligencia [que escasea en estos días].

Pienso en el amor despreciado y maltratado que tenemos ahora. Tan desolado que se confunde con el sexo, tan autoritario que se confunde con cadenas, y tan fugaz que se confunde con estrellas. Se tiene como mito al amor verdadero que se basa en confianza, libertad, respeto, cariño, esfuerzo, educación, humildad; todo aquello que se ha perdido en las nuevas generaciones.

Pienso en la soledad y la necesidad de auto-reflexión que muchas veces es necesaria en los momentos de transición de nuestras vidas. Me entristece saber que las personas no pueden disfrutar el silencio, la tranquilidad, el estar simplemente solos. En la necesidad de hablar, sentir o estar con alguien.

Pienso en la política y las leyes que creamos para volvernos civilizados. Las nuevas reglas que modifican las leyes anteriores para darnos libertad. Y las nuevas leyes que modifican las reglas anteriores para quitárnosla.

Pienso en el fracaso necesario que nos hace crecer, aquel que es tan raro que vive con los unicornios. Porque en el ahora no se puede dejar que un niño sufra y llore por algo que anhela, para que aprenda que las cosas valiosas son las que debemos de trabajar duro para conseguir. Es mejor cumplir el capricho del niño y forjar generaciones débiles que no saben mas que quejarse y esperar que alguien les compre su dulce.

Pienso en el conformismo disfrazado de innovación, que limita el potencial de cambiar. Ya que lo de hoy es comprar un teléfono nuevo cuando sale su remplazo, sin importar la utilidad que aún posee. Es más "fácil" llamar a que alguien arregle mis problemas que aprender a hacerlo yo mismo. Porque es lo de hoy llamar al plomero para arreglar el inodoro, decir en el trabajo que estás enfermo cuando realmente tienes una terrible resaca, conseguir una prostituta que repare el corazón roto, ó escribir en las redes sociales sobre el cambio que se necesita sin salir de tu hogar [irónico].

Pero más que nada pienso en la vida, en lo agradecido que estoy por no ser uno "mas del montón". Por dejarme pensar, cuestionar y fracasar. Porque se valorar las pequeñas cosas y admirar las maravillas del mundo; por dejarme disfrutar un buen libro y escribir mis pensamientos. Porque la vida es así: contrastada y opuesta, pero a la vez balanceada. Un yin y yang eterno.

Sólo Dios sabe en todo lo que pienso..."

R

Comentarios